Extreman las precauciones

Autoridades estatales y municipales de Querétaro montaron un operativo para evitar incidentes en La Corregidora; fans atlistas atacan camión del club

QUERÉTARO (22 de Enero de 2012).- Quince días después, Querétaro volvió a tener futbol, aún con la tragedia ocurrida hace dos semanas en la mente, pero con la promesa de las autoridades de que no ocurriría algún altercado más.

En el ambiente no se percibe lo ocurrido después del partido contra América, el sitio donde murió Cristian Bringas queda lejos del Estadio de La Corregidora, a unos 20 kilómetros, por ahí, el tránsito fluye de manera regular. La cita de la jornada pone en cartera al Atlas, los aficionados rojinegros llegan por la carretera que viene de San Luis, el lado contrario de la procedente de la Ciudad de México.

Son las 15:00 horas y sólo un autobús de aficionados rojinegros ha llegado a La Corregidora. Con el paso del tiempo, los que abordan esta unidad, unas 50 personas, serán las únicas que acudan al partido de los rojinegros visitando a los Gallos.

Mientras, los alrededores del inmueble registran la movilización de los cuerpos de seguridad municipal y estatal. En cada uno de los accesos al inmueble hay seguridad y una revisión cautelosa para impedir que se ingresen al estadio artefactos que puedan ser utilizados como arma, tanta es la meticulosidad que las bufandas no son permitidas.

El director de seguridad estatal, Juan Ignacio Esqueda Santoyo, es el encargado de supervisar cómo se desarrolla el operativo que contempla tres unidades de grupo táctico de la policía municipal, policía en motocicleta, camionetas, patrullas que llevan a cabo rondines en el perímetro del estadio.

La porra visitante es supervisada con más detalle, se forman en grupos de cinco personas, los aficionados ya deben traer el boleto en la mano. En el acceso al estadio, personal de seguridad privada pide les pide que soplen, si traen aliento alcohólico o a algún estupefaciente son retenidos y se les negará el ingreso.

Después de pasar el primer acceso son revisados una vez más, si alguno accedió con más de una playera es regresado y sólo entrará con una. Cinturones o cintas en el pantalón no son permitidos, los que llevan lentes oscuros se les pide que se los retiren. Se les quitan los zapatos y a algunos hasta los calcetines, todo lo que se porte en los bolsillos tiene que ser mostrado. Pasando este filtro son ubicados en uno de los accesos del lado sur, justo en una de las esquinas del inmueble.

A la porra de Querétaro también se le revisa, pero no de manera tan puntillosa. Los seguidores de los Gallos ocupan su lugar en el lado norte, los tambores suenan y la cerveza fluye. Aquí nadie quiere hablar de lo ocurrido hace 15 días. En un tono nada grato piden que se aleje uno, porque “no hay nada que decir, nada, ¡ya, llégale!”.

Los grupos de seguridad estatal y municipal se dispersan por todo el estadio, no hay acceso sin presencia de los grupos de seguridad. El sonido local lanza un mensaje: “Apoya a tu equipo. ¡Vamos, Gallos!, por un futbol sin violencia.”

A diez minutos del final, la porra del Atlas fue retirada del inmueble. En principio se tenía planeado sacarlos por Santa Bárbara, pero hubo reportes que al parecer había gente lista para agredirlos en esa ruta, por lo que se cambió el plan y la policía estatal los escoltó hasta la caseta a Celaya.

A las 19:25, los reportes por radio indicaban que el autobús en el que viajaba la mayoría de aficionados rojinegros ya había pasado dicha caseta, sin que se registrara algún altercado.

Higinio Robles