México Olímpico: La gloria con fortaleza
En Sídney 200, Soraya Jiménez le otorgó a México su primera medalla de oro en halterofilia y para una deportista tricolor en unos Juegos Olímpicos
CIUDAD DE MÉXICO (Viernes 25 de mayo).- La cuenta regresiva no se detiene. ¡Estamos a 63 días para el magno evento deportivo del año: Londres 2012! Sídney 2000 le dio un lugar muy especial en la historia a un deporte de enorme esfuerzo y dedicación: la halterofilia.
La encargada de subir al pódium, una joven mexiquense: Soraya Jiménez Mendívil.
Nacida un 5 de agosto de 1977, Soraya había librado una dura batalla para ganarse un lugar en una disciplina caracterizada para hombres, superando las barreras de género, incredulidad de muchos, lesiones y varios obstáculos más.
En el año previo a los Olímpicos de Sídney, Jiménez había obtenido su mejor marca en los Juegos Panamericanos de Winnipeg. Totalizó un peso de 190 kilogramos que le permitió subir al podio y colgarse la presea de bronce.
Al tiempo llegaron los vigésimos séptimos Juegos Olímpicos. La noche del 18 de septiembre de 2000 en Sídney, cuando era de madrugada en el tiempo de México, cientos de aficionados eran testigos de una imagen que quedó marcada para siempre: los saltos de júbilo de esta atleta de 23 años de edad que le dio al deporte nacional su décima medalla de oro olímpica, primera de ese color para una mujer mexicana.
Con un auditorio lleno, en pleno escándalo y algarabía arrancaba la gran Final. La norcoreana Hui Ri Song levantó 97.5 kilogramos en el arranque contra 95 de Soraya, pero en su último intento excedió los 10 segundos reglamentarios y levantó 122.5 kilos para totalizar 220.
Era el turno de Jiménez. Ya de espaldas a la barra contenía el aliento e iba por todo. Era el ahora o nunca para ella. En un cierre espectacular levantó un peso de 127.5 kilogramos y sumar 222.5 para llevarse el oro. Entonces vino la inmensa alegría, el sudor recorría su rostro enrojecido pero nada se comparaba a la euforia del momento.
Y quedó también para la posteridad la imagen del fuerte abrazo, fraternal entre ella y su entrenador , el búlgaro Gherogui Koev.
Tras ese episodio triunfal, Soraya luchó con todo por defender cuatro años después su título olímpico, pero sus rodillas tras más de once operaciones, además de su tobillo y sumado a otros factores extradeportivos le hicieron poner fin a su carrera el 24 de junio de 2004, apenas unas semanas antes de comenzar los juegos en Atenas.
Así, Jiménez cumplió su cita con la historia. Le dio a la halterofilia mexicana y al público de nuestro país una gran alegría. Nadie podrá quitarle el derecho de ser la primera mujer que se colgó medalla de oro en Juegos Olímpicos.

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