Interlagos, la última parada de la F1
El circuito de Interlagos es una pista de contrastes tal como Brasil lo es. Por fuera, algunos accesos a la pista tienen una fachada de vecindad vieja en lugar de la entrada a una de las pistas más emblemáticas de la Fórmula Uno. Paredes pintadas con aerosol y de cemento que asimilan una obra negra son la primera impresión de este circuito.
Para algunos integrantes del paddock el venir a un circuito viejo y con pocas comodidades resulta incómodo, hay incluso quienes dicen que en conjunto “esto es una mierda”. No soy de esa opinión. Es cierto que no cuenta con las comodidades de Abu Dhabi, ni con el panorama del circuito de Monza o la seguridad del trazado de Montreal; pero Interlagos hace sentir un encanto especial, ese sentimiento latino de ser bien recibido, de ser una fiesta y no una carrera sobria.
Sus instalaciones son viejas, pero aquí se han escrito historias de éxito. Tan sólo en la última década vieron la coronación de Fernando Alonso, el milagro de Kimi Räikkönen ante McLaren, el primer título de Lewis Hamilton en un final polémico ante Felipe Massa. La primera pole position de Nico Hülkenberg, la que en su momento fue la última gran remontada de Michael Schumacher y su respectivo adiós.
Interlagos en un oasis en medio de una zona considerada de alta delincuencia. Por fuera, la primera vista hace esperar un autódromo parco, pero no es así. Las cámaras de televisión no le hacen justicia al circuito construido en una pequeña área. El color verde resalta al interior y sus desniveles la hacen una pista especial. Tan solo al dar vuelta la cabeza a la izquierda uno puede observar la curva de la polémica, el sitio donde Timo Glock disminuyó la velocidad para después ser superado por Lewis Hamilton y permitirle el sexto sitio necesario para la coronación.
El problema de los asaltos no sólo es un mito. Diversos integrantes de la caravana se quejan de ello, y tras lo sucedido en el 2010 con Jenson Button los pilotos no se andan con rodeos. Un ejemplo es el australiano Mark Webber quien en este país maneja un nada lujoso Nissan Sentra. Antes de él salir del circuito, una breve parada para en pocos minutos cambiarse la playera oficial de la escudería Red Bull y colocarse una simple playera negra. El objetivo es pasar desapercibido.
A pesar de todo ello, es difícil concebir el calendario de la Fórmula Uno sin Brasil, tal vez todo ello la hace única. Algunos dirán que con estas condiciones México sería un mejor lugar. Lo pondría en duda. No sé si ya exista de nuevo el suficiente interés por volver a tener una carrera de F1. Hablo de fanáticos quienes conozcan y permitan una larga estadía de la competencia, no de gente que sólo busque ir por la novedad. Firmar un contrato con Bernie Ecclestone es por varios años e implica obligaciones económicas. Si el fan, si el público únicamente asiste al inicio por la novedad y después la deja morir veremos un escenario similar al de Turquía.
Asimismo, no considero que nuestra economía está para pagar los precios de un boleto de la máxima categoría que pueden llegar a ser hasta de cinco mil euros.
Así las cosas, de momento tenemos en América dos carreras: Canadá y Brasil, dos de los circuitos más complicados del mundo y que cada año ofrecen competencias interesantes.

