La Magia del Duke

Fernando Garza
6 Jul, 2011 15:15:15

Crecimos, al menos quienes nacimos en la comarca lagunera, con magos más comunes que corrientes.

Nuestro héroe era el Mago Leos. Recuerdo impresionarme con el truco más trivial de barajas, en alguna fiesta en el Parque España. La magia se nos enseño de esa manera, algo obscuro pero inocente, de alguien que esconde algo o que no enseña todo (no es lo mismo). Creer en algo que parece ser que entiendes, pero que nadie te lo asegura. Eso es ilusión. Algunos dicen, lo cual comparto, que algunas cosas tienen que ser creídas para ser vistas. El Mago leos, aun con todas sus limitantes, nos producía sonrisas y eso es lo único que recuerdo de él.

Ya estábamos en Heathrow, uno de los aeropuertos con más tráficos para pasajeros en el mundo (4to). Después de un viaje de algunas horas donde no pudimos estar juntos en los asientos ni dormir un solo minuto. Una mamá y su hijo habían conseguido asientos separados y nos pidieron de favor que si podíamos cambiarles (el pequeño hijo iba a un lado nuestro). Esa mama resultó ser una campeona olímpica en Sydney y plata en Beijing, rusa, nadadora. Increíble historia que se unió a la nuestra. Pimpo tuvo oportunidad de platicar con ella, era madre soltera, trabajaba en Houston y llevaba a su hijo a Moscú, a pasar el verano. Esto que me platicó mi hermano a medio vuelo me hizo recordar lo que me aflora siempre que estoy en un aeropuerto, tantas historias que se gestan y se llevan a cabo en un viaje, una despedida, un hasta pronto….mas inicios que finales, dicen, es la clave para una vida feliz. En los aeropuertos abundan.

Ya con Tim rumbo a casa de su hermana, los primeros videos del viaje estaban grabándose, el “tour” informal por Windsor, y las primeras impresiones de un sábado que sería único e irrepetible. Nos sentimos siempre en casa, desayunamos al más puro estilo ingles y nos echamos un regaderazo, no sin antes mi hermano darse cuenta que había tomado una maleta equivocada. Volvimos a Heathrow y arreglamos ese tema, solo un susto, una parte más de la historia de Wembley.

De camino al centro de Londres, observamos los símbolos que abundan en mi ciudad favorita en el mundo. Nos deleitábamos con los autobuses rojos, las cabinas clásicas, los taxis, el estilo ingles, la arquitectura, diversidad, la ciudad más cosmopolita del mundo. Se asomaban pocos rayos de sol, también clásico en Londres.

Ya instalados, tomamos el metro para asistir al Champions League Festival, en Hyde Park. Si yo les contara lo que ha sucedió en Hyde Park a lo largo de su historia…lo que si les aseguro, es que hay fotos increíbles. El concierto Live 8 de 2005 fue en los jardines de este parque, por ejemplo. Emblemático. Las cosas cuando se hacen deben hacerse bien, y la UEFA entiende esto. El festival era simplemente increíble, organizado, con seguridad, para que los aficionados se emocionaran. Un bar “Heineken”, un campo donde se jugaba un futbol 5 con ex estrellas de la Champions League, el teatro donde se proyectaba la historia a través de los años de la CL, posters gigantes con el logotipo de la final para tomarse fotografías…algo muy completo. Como buenos mexicanos, nos tomamos la foto con el logo de la final…y a por unas cervecitas! El bar (al aire libre) estaba claramente dividido en 2, de un lado los culés…y en el otro los reds. Cordiales cantos y porras se llevaron a cabo toda la tarde, mientras nosotros, entre nerviosos porque aun no teníamos boleto, nos dejábamos llevar por la atmosfera más increíble en que nos habíamos encontrado jamás.

Saliendo de Hyde Park le hicimos un guiño a la “seguridad” de tener boleto, un bosnio nos quiso vender dos en un muy bajo precio y, aunque estuvimos cerca, lo desechamos, acabaron siendo falsos. La reventa es algo muy penado en el Reino Unido pero aun así hay colonias de albanos, marroquíes, bosnios, que se dedican a esto, a estafar en un evento así.

El tren era todo fiesta, 45 minutos hasta el estadio, repleto el vagón de ilusiones, de canticos, de banderas, de sudor. Un momento que se quedara en mi memoria para siempre será cuando el arco que resguarda a la catedral del futbol, fue visible en el cielo londinense…a lo lejos. Un aura de historia, de goles inolvidables, del silbatazo final y un campeón festejando en el centro del campo. Increíble, disfrutamos ese momento silenciosamente. Al bajar en Wembley Park, 3 horas antes del partido, era obvio que la atmosfera rebasaba toda idea posible que teníamos de un evento así. Un mar de gente saliendo de la estación, en toda la explanada de kilometro y medio hasta llegar al estadio. Parecía el Ramadán, me sentía en La Mecca (aunque si era, pero del fútbol). Estuvimos de manera primero ordenada y después desesperada, buscando boletos. Increíble la demanda, nula la oferta…me preguntaba si aquí era cuando un Mago debía salir a la luz y, de la nada, sacar 2 billetes para ver el juego dentro del estadio. Nos preguntábamos si Copperfield o el algún otro ilusionista podía tomar el reto y demostrárnoslo. No había tal. TODO PASA POR ALGO. Cuantas veces nos lo han dicho? Trillado…hasta irrita en ocasiones, pero es verdad!

Con la decisión ya tomada, consensada, 15 minutos antes del inicio del partido, de que nos alejaríamos del estadio, nos dimos un abrazo mi hermano y yo y nos aseguramos de disfrutar lo que hasta ese momento estaba sucediendo. El aquí y el ahora. El detalle de una banda musical tocando el himno de la champions afuera del estadio jamás se olvidará. Necesitábamos acercarnos al centro para conseguir un Pub y ver el partido, 3 paradas de metro y nos bajamos, corriendo buscando un lugar, nos encontramos uno estilo Costeñito! Pero…lleno de seguidores del Manchester. Nosotros, enfundados en accesorios alusivos al Barca, se nos negó la entrada “very dangerous guys, look for another place!” y ahí fuimos…gritándole hasta al Mago Leos que sacara una de sus malas bromas pero que alegrarán el momento! No sucedió…hasta que nos subimos al vagón y nos topamos con un eslabón de nuestro destino. Su abuelo, socio del barca, y el, que había estado en la final de Paris y Roma, no había encontrado boleto. Sus amigos igual tampoco, y una chica igual se quedó fuera, se encontraron afuera del estadio y decidieron ir a verlo a otra parte. “veámoslo juntos!” nos bajamos entonces 3 paradas más adelante y encontramos un lugar.

Ya corría el minuto 15, el barca dominaba el partido pero no con tanta claridad como después ocurrió en el segundo tiempo. Llegamos al pub que parecía sucursal del estadio del Manchester, estábamos en Londres, era de esperarse, aun cuando en Trafalgar Square antes del partido, parecía aquello sucursal de la Plaza Catalunya. Adentro del lugar fue imposible encontrar una silla disponible, así que nos sentamos afuera y tras el cristal, veíamos, sin sonido, el despliegue del “ballet catalán” como le llaman algunos al tipo de juego que produce el Barcelona dentro del campo…

Para serles muy sincero, el inicio del episodio este, viendo el partido en un nublado Londres, afuera del Pub, con mi hermano y algunos culés que habíamos conocido 12 minutos antes, en un lugar repleto de red devils, fue muy especial. Estamos aquí, disfrutemos, es mágico, platicábamos mi hermano y yo. Y así fue. Gritamos los goles, callamos en el empate, nunca dejamos de ilusionarnos con un posible triunfo. Íbamos, ciertamente, preparados para dos escenarios que no buscábamos; no entrar al partido y que perdiera el Barca. De los dos, preferíamos que se diera el primero y no el segundo. Soñábamos con eso en el empate que corría a medio tiempo.

Los cánticos de los ingleses en el empate de Rooney fueron ensordecedores. Coqueteaban con una forma “hooligan” de alentar a su equipo, desmedida, desbordada como suelen ser los fanáticos al futbol en Inglaterra. Callamos! aun cuando nos acompaña una mujer dentro del grupo, lo menos que queríamos era un connato de bronca en ese lugar…cenarían barbacoa México-Española todos los presentes, de darse el caso.

Además, si hay algo que no entiendo en el futbol, un juego al final del día aunque entienda que éste deba ser productor interminable de pasión, es la violencia que rodea los estadios. Se sabe tanto de una sociedad al ver su actuación con la derrota de su equipo…

Que me disculpe el Mago Leos, pero la verdadera magia sucedió en el segundo tiempo. El tiki-taka, el ballet, la poesía conducida por un balón. Los artistas más humildes del universo, manteniendo el fin último del futbol intacto…y con ello asegurando un éxito total e incomparable: disfrutar, divertirse. Una filosofía de futbol, pero también de vida resumida en 11 jugadores y un cómplice, el balón. Y los otros locos en las gradas, en los bares, en sus casas. El abuelo que vivió años de promesas y Dios al final, por partida triple, le regresaba la alegría. Lo imagine perfecto. En su casa, con su perro fiel y en el mejor de los casos con algún nieto que todavía recuerda que el abuelo sigue vivo, enfundado en su bufanda del Barcelona de Cruyff. Llorando, a punto del infarto. Con la esposa sin entender pero atendiéndolo. Sin compartir la pasión pero apasionándose por su marido, que a sus entrados 80’s…aun llora. Increíble!

Vino la pincelada de Messi y la obra de arte de Villa y con ello la explosión de un concepto en un grito. Lo disfrutamos como nunca. Ya siendo un mero trámite los últimos minutos, empezaron las llamadas de nuestros acompañantes españoles a sus familiares, en catalán, festejando la cuarta Champions League! Vinieron las felicitaciones de los del Manchester, Humildad.

Seguía el festejo en Trafalgar Square. Picadilly Circus primero, decía uno de los catalanes, nos han avisado que todos los culés van en camino hacia allá. Antes..otro momento mágico, volteamos alrededor afuera del pub, donde la gente que iba pasando, se paraban para ver la congregación afuera del lugar. ¿Pues qué pasa ? ¿Quien Juega? algun despistado decía. Era una escena que se me figura sucedía en las naciones oprimidas cuando se sabía que Martin Luther King iba a dar un discurso allá por los 60’s. La gente aglomerada en cualquier resquicio para ver la transmisión. O el día en que Muhammad Ali refrendó su último título mundial. Daba vuelta al mundo. O los Beatles, o el hombre llegando a la luna.

Volteamos pues…a nuestro alrededor, fundidos en un abrazo y dándonos cuenta de que el destino nos había reservado este momento para nosotros. Para ser vivido, recordado, valorado al máximo. En la esquina de Crawford Street y Wyndham Place se consagró lo que con tanta esperanza soñábamos, que el Barca se coronara, y de esa manera…sin espacio a la duda. Tan mágico fue ese momento, que a Dios ni siquiera se le olvido el detalle del lugar. Ponernos un pub que fuera a la vez significativo como casual. Nos sentamos ahí por ser el primero disponible, es cierto, pero increíble como hasta en eso hubo complicidad. “El Duke de Wellington” será recordado para siempre como la última pieza del rompecabezas para una noche que quedara marcada por lo que nos dure la vida. Magia, Leos, la verdadera magia.