Esteban Gutiérrez y el reto que le viene
El ascenso de Esteban Gutiérrez a la Fórmula Uno es una noticia que me da mucha alegría. Más allá de ser un mexicano he vivido el proceso de su crecimiento de cerca. He tenido la fortuna de estar con él en momentos importantes, una parte de lo que este trabajo permite, y sé que lo que ha firmado con Sauber es el resultado de un trabajo extenuante, no solo de su parte, sino también de su familia, sus aliados incondicionales.
Recuerdo mucho el día que lo entrevisté por primera ocasión. Marks Granados, su jefe de relaciones públicas, me habló para ofrecerme una entrevista con un chico regiomontano quien iba a competir en la Fórmula BMW de Estados Unidos: “tengo un chico que va a correr allá. Creo que sería interesante”. Una de las preguntas obligadas era hasta donde quería llegar, de inmediato dijo: “a Fórmula Uno, aunque tampoco me aferro a eso, si no se da hay caminos alternos”.
Desde ese momento demostró ser un chico centrado. No paso mucho, tan solo unas semanas para comenzar a exhibir su talento, y apenas llevaba la mitad de su primera temporada en una campaña de autos fórmula cuando sorprendió a Mario Theissen, ex director deportivo de BMW y el equipo de Fórmula Uno, cuando ganó en Indianápolis. Ahí, el alemán le aseguró un gran futuro en el automovilismo, y de hecho Red Bull trató de firmarlo para su Junior Program, una negociación que no prosperó.
Ahora que ha alcanzado el éxito uno pensaría que todo han sido años fáciles. Sus registros hablan de un campeonato en la Fórmula BMW Europa así como en la GP3 Series, en ambos de forma dominante. De un tercer sitio en la GP2 Series en el 2012, y de muchas pruebas en Fórmula Uno con BMW y Sauber. Pero más allá de eso yo quiero rescatar el 2009, tal vez el año de mayor aprendizaje para él y cuando muchos dudaron de él.
No olvido que algunos conocidos de los medios me decían que era el final del prodigio. Que no tenía madera, que Sergio Pérez en su primer año en Fórmula Tres había ganado el título. Comparaciones que no podían hacerse porque eran categorías diferentes. Checo tuvo un año de aprendizaje en la serie Nacional de Inglaterra para después lanzarse al ataque de la categoría mayor donde hizo una actuación destacada. A Esteban lo lanzaron contra los tiburones, en una serie que era considerada en ese momento la mejor Fórmula Tres del mundo, donde no había una división nacional, donde era de inmediato pelear en una clasificación general y en un equipo de punta como lo es ART, con un compañero como Jules Bianchi y Valteri Bottas, ahora pilotos de pruebas de Force India y Williams respectivamente.
Tuve la fortuna de visitarlo en Barcelona ese año, en la carrera de España. En esa campaña, ante la ausencia de podios nadie viajaba a verlo. Ahí le dije “¿sabes que ya muchos dudan de ti verdad?”. Su respuesta me quedó tan grabada que hasta hoy puedo escribirla sin consultar una grabación “yo sé lo que estoy haciendo Luis. Este es un proceso”. Tenía razón, nunca nadie debió dudar de eso.
Durante ese proceso, Esteban Gutiérrez aprendió a rebasar como pocos pilotos saben hacerlo. Más de 70 rebases en esa campaña 2009 lo avalan. Aprendió a luchar desde atrás, a ir en contra de la adversidad y esa es tal vez la mayor ventaja de él: salir de las complicaciones, darle la vuelta a la hoja. Sí, él tenía razón, todo era un proceso. Pero también se hizo más fuerte mentalmente, lo sacó a relucir en GP3 y GP2 Series. Momentos malos y buenos los veía como un proceso, nada de que alarmarse ni porque festejar de más.
Pensarán que no tengo un significado para “proceso” y por eso la escribo mucho. No. Es que a partir de ahora inicia un nuevo proceso, el de llegar a ser campeón del mundo, la misma ambición que Sergio Pérez. Su primer año será sumamente duro. Será un aprendizaje donde existirán las comparaciones con Checo. La gente no debe olvidar que son dos estilos de manejo diferentes. A cada uno se le debe dar su tiempo.

